Logo Bolsa de Comercio de Bahía Blanca

Mundo 23.03.26

TRUMP CONTRA SÍ MISMO: LA GUERRA EN IRÁN EXPONE EL CHOQUE ENTRE EL PRESIDENTE Y EL COMANDANTE

Imagen de Mundo 23.03.26


Trump versus Trump se enfrentan en Irán. ¿Quién prevalecerá? ¿El presidente o el comandante de las fuerzas armadas? El presidente Trump avisó el viernes que EEUU está muy cerca de cumplir sus objetivos y se apresta a reducir sus “grandes esfuerzos militares” en Medio Oriente .
Trascartón, el general Trump advirtió que no alienta el cese de hostilidades. En efecto, dos unidades expedicionarias de marines navegan hacia el Golfo. Una partió de Okinawa hace una semana. La otra recibió el viernes la orden de zarpar desde San Diego. Irán, arrasada pero beligerante, controla el Estrecho de Ormuz . Y con ello desató una crisis feroz de la energía. El precio del crudo Brent escaló 55% desde el comienzo de la guerra (y 80% desde principios de año). EEUU ganó todas las batallas. Pero la suya es una victoria a lo Pirro y un status quo frágil y peligrosamente inestable. En definitiva, el general Trump no tiene las soluciones que el presidente necesita.
Trump es, ante todo, un hombre de negocios. ¿Qué le dice su olfato? Tres semanas atrás, lo llevó a lanzar una ofensiva militar implacable. Desoyó así el consejo del Pentágono. Pero su estómago cambió: el momento Minnesota es evidente. Así como retiró a las fuerzas de ICE de Minneapolis, el presidente quiere hacer mutis por el foro. La guerra debía ser corta y ya declaró diez veces su final, pero Ormuz lo fuerza a enviar 5 mil marines. Y debe sofrenar a Israel para evitar las represalias de Irán, porque si la contienda se dedica a la destrucción masiva de los activos petroleros y gasíferos, ni despejar el estrecho ni el cese del fuego evitarán gravísimas consecuencias de largo plazo, De ahí que Irán lo desafía con el martirio: destruir toda la infraestructura crítica de la región. El hombre de negocios sabe ya que el negocio es Cuba.
El presidente Trump quería recortar los precios de la energía a la mitad y va camino a duplicarlos. Aun así, lo peor estaría por venir. Arabia Saudita estima que el barril de Brent costará 180 dólares si no se le encuentra una solución al conflicto antes que termine abril. ¿No es una sobrerreacción? De acuerdo. 120, 150, quién da más. Pero tampoco se puede descartar una estampida fugaz, por lo menos, hasta que no se desplome la demanda global. El barril de Omán, la referencia habitual del crudo de Medio Oriente, cotizó a 157 dólares esta semana. Desde ya que su precio – con una prima de 50 dólares con respecto al Brent – se distorsiona por la severa disrupción que opera en la región. Pero si los flujos del comercio no se restablecen pronto, la disrupción se va a extender por el mundo con suma rapidez.
Con una velocidad todavía mayor, los planes de guerra del comandante Trump, que violan olímpicamente los preceptos de la agenda MAGA (“no más guerras en el exterior”), arruinaron ya las políticas y los logros del presidente Trump. El consumidor se anoticia en el surtidor. Los precios de la nafta treparon 40% desde que se decidió atacar Irán, según el relevamiento nacional de la AAA (American Automobile Association). Subieron más de un dólar y se acercan a los cuatro por galón. “Van a empezar a bajar cuando termine la guerra”, dijo el vicepresidente JD Vance , el miércoles en Michigan. Su bajísimo perfil sugiere que no será pronto. La crisis de asequibilidad de la que se queja la población – que Trump recibió como herencia de Biden y le facilitó el triunfo electoral – recibirá así un impulso impensado. Y en noviembre los votantes no van a culpar a los demócratas.
Las tasas de interés también se dispararon al alza . Aunque la Fed no tocó las suyas al cabo de su reciente reunión. Y por más que Jerome Powell dijese que la mayoría de los participantes no contempla una suba en su escenario base. Es muy temprano para descifrar los efectos de los acontecimientos en Oriente Medio cuando se desconoce si el shock será temporario o permanente. En sus proyecciones, la Fed ajustó hacia arriba tanto las previsiones de inflación como de crecimiento (por una mayor productividad esperada). Sin embargo, el sendero de tasas previsto en el mapa de puntos para 2026- 2028 no se modificó. Las expectativas de inflación a largo plazo, implícitas en los precios de los bonos a cinco y diez años, se mantienen sólidamente ancladas en torno a 2% y le conceden a la Fed la opción de “ver y esperar”. De ocho bancos centrales del G10 que se reunieron la semana pasada, siete adoptaron similar criterio. Solo uno, el de Australia, dispuso un aumento de tasa de un cuarto de punto tras una reñida votación 5 a 4.
Y algo más: Powell se quedará al frente de la institución, aun cuando venza su mandato en mayo y Trump no se lo renueve. Conservará las riendas de forma interina hasta que el Senado apruebe la designación de Kevin Warsh (si es que su postulación no zozobra por su aparición en los archivos de Epstein) o quien sea su reemplazante.
La Fed mantiene las tasas . Los mercados subieron las suyas de manera contundente. La tasa de las notas del Tesoro a dos años escaló 50 puntos base desde que se lanzó el primer misil. No importa lo que diga Powell. Chicago incorporó la posibilidad de que la tasa de fed funds aumente 25 puntos base incluso en la próxima reunión de abril (con una probabilidad todavía acotada, que rozó 10% y cerró en 6%). La senda de una baja de tasas para lo que resta del año se borró por completo. ¿De qué sirvió el hostigamiento tenaz del presidente Trump sobre “Demasiado Tarde” Powell para que seccione las tasas a niveles irrisorios? Demasiado rápido Trump acaba de promover todo lo contrario en los mercados, por más que la Fed desaliente una mudanza drástica de puntos de vista.
Las tasas largas no se quedaron atrás, para desgracia del secretario del Tesoro, Scott Bessent , quien aplicó hasta las técnicas del bonsai para reducirlas en un contexto de déficit fiscal incorregible. Y lo hizo con singular éxito, hasta que empezó la guerra. La tasa a diez años escaló 43 puntos base de un tirón. En 4,38%, volvió a los niveles de fines de julio. De este modo, la estrategia del Tesoro de sesgar el financiamiento hacia los plazos cortos – que calmó el tramo largo de la curva – no traerá el alivio esperado en la factura de intereses.
La Bolsa anticipa que el cimbronazo de la energía se hará sentir (y no es el único shock que la zamarrea). Las acciones no esperan misericordia, aunque la Fed saque de la galera el prospecto de un crecimiento más vigoroso gracias a una mejoría de la productividad. Con elegancia, el S&P 500 se dirige hacia una corrección de manual (entendida como una caída de 10% o más, desde los máximos). Ya se hundió 6,8% y chapotea en el piso de los últimos seis meses. El Russell 2000 fue el primero de los índices principales en cruzar el Rubicón del 10%. Los bancos (castigados por la crisis del private equity) y las Siete Magníficas comparten penurias allí. Y todo indica que pronto gozarán de la compañía del Nasdaq y del Dow Jones Industrial. No existen las vacas sagradas. Bastará otra suba electrizante en los precios del barril para arrearlas hacia el matadero.
La última corrección generalizada de la Bolsa la provocó Trump en abril de 2025 cuando se lanzó a la aventura del Día de la Liberación. La zozobra duró una semana hasta que el presidente se asustó por los destrozos y congeló la aplicación del shock de aranceles. El mercado bull, que estaba contra las cuerdas, renació con todavía mayores bríos. Un dato clave fue que entonces la guerra comercial no produjo represalias (llevó un poco más de tiempo, pero también se pactó una tregua con China).
¿La historia se repite? Trump aspiraba a un cambio de gobierno en Irán y no lo obtuvo. Ya se cansó de la guerra. Es muy costosa, no le depara beneficios y quiere deshacerse de ella. Pero Ormuz es un atasco bajo control del enemigo que le impide la retirada. Y Teherán arde en deseos de cobrarse venganza y se parapeta en esa geografía estrecha, que es su fortaleza. ¿Llegarán a tiempo los marines? No formaban parte del plan A. Hubo que incorporarlos sobre la marcha. ¿Traerán la solución en la mochila? ¿O se hundirán más en el atolladero?
Ámbito Financiero